domingo, 25 de noviembre de 2007

Soy feliz si él es feliz

Según la Real Academia de la Lengua Española:

amor.

(Del lat. amor, -ōris).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

4. m. Tendencia a la unión sexual.

Estas definiciónes expresan que el ser humano necesita la unión con otro ser para estar completo, alegre y con la energía para convivir, comunicarse y crear. Es necesario amar y ser amado para existir, finalmente.
Yo dudo que eso sea el amor, aunque comprendo que la definición de la RAE es la más aceptable, la que mejor describe el amor en la práctica, en el mundo de hoy. Pero no creo que sea la más certera, la que define realmente lo que es, o debería ser, el amor en el mundo.
Leí una vez que hay tres tipos de amor. Uno es el fraternal, el que se siente por la familia y los amigos. Otro es el mundial, el que se siente por cada creatura viviente y por el planeta en general. El tercero, y del que trata este post, es el amor erótico, el que se siente por una sola persona, generalmente del sexo opuesto. No tengo ganas de discutir aquí acerca de homosexuales o bisexuales, así que lo pasaré por alto olímpicamente.

Mi idea, cuando empecé este post, era hablar acerca de los celos, específicamente. Pero ha degenerado, o evolucionado, hacia una evaluación del amor en general. Mi definición de amor es querer que el ser amado sea feliz. Sin importar nada, si él es feliz parado de cabeza, vestido con un buzo a rayas y en una relación amorosa con otra persona, no importa, yo soy feliz cuando él es feliz. Esa es una vara bien alta y me he encargado toda mi vida de estar a la altura. No creo que lo haya logrado nunca completamente, pero lo he intentado. Y lo mejor de esta definición de amor es que se puede aplicar a los tres tipos de los que hablé más arriba:
  • Soy feliz cuando mis amigos/mi familia es feliz.
  • Soy feliz cuando el planeta es feliz.
  • Soy feliz cuando el hombre que amo es feliz.
Si a quien amo no es feliz, yo no puedo ser feliz, es así de simple. A eso iba con el tema de los celos. Dentro de mi definición de amor no tienen cabida, si él es feliz con otra, yo seré feliz por él. Si eso significa que nunca estará conmigo, bueno, es una lástima, pero no por eso voy a dejar de amarlo. Ese amor erótico se podría transformar en amor fraternal y convertirlo a él en uno de mis más queridos amigos, no tiene porqué dejar de ser tan intenso como era cuando era erótico, sigo queriendo que él sea feliz.
Esta es una visión demasiado idealista del amor y de las relaciones humanas en general. Sé, por experiencia propia, que es muy difícil transformar un amor erótico en un amor fraternal, que se necesitan meses e incluso años de entrenamiento, pero que es posible, apenas. Al principio, los celos van a estar ahí, aunque no quieras que estén. Yo creo que eso es porque, en el fondo, somos todos animales y nuestros intintos aún son lo suficientemente fuertes en ese tema.
Los seres humanos somos territoriales y posesivos, como la gran mayoría de los animales, si no todos. Eso es, a mi juicio, lo que produce los celos. Nos gusta sentirnos especiales, únicos e importantes para alguien. Nos gusta pensar que esa persona no estaría con nadie más que con nosotros. Somos orgullosos también y por eso cuesta tanto perdonar el que el ser amado quiera estar con otra persona. No hablo de infidelidad, eso es una traición, un ataque directo al acuerdo de exclusividad que la mayoría de las parejas tienen. No, de lo que hablo es de que el otro termine la relación porque ama a otra persona, o simplemente ver cómo el ser amado ama a otra persona. Duele como si fuera una ofensa a nuestra forma de ser, como si fuera una silenciosa crítica a nuestro peculiar conjunto de características.
El amor debería dar libertad, energía, confianza en uno mismo y valentía para ser la mejor persona posible, la persona que el ser amado merece. Sin embargo, no siempre es así y todos sufrimos mucho por amor, todo el tiempo. Sufrimos al ver que el otro no nos hace caso, o está con otra persona, o no pensó en nuestros sentimientos, o se le olvidó un aniversario, o cualquier cosa así. Sufrimos por cosas pequeñas que no deberían importar si realmente amamos a alguien.

Me cuesta mucho definir cuándo amo a alguien y cuando, en realidad, sólo lo quiero mucho. Es difícil, pero lo que realmente me hace optar por afirmar que sí, es amar los defectos del otro. Amar el que sea obsesivo, o extremadamente flojo, el que sea desordenado, o exageradamente pulcro, el que sea impuntual o impaciente. Amar todo eso, además de amar todas sus virtudes, es lo que me convence que amo a alguien realmente. Porque esa persona no sería él mismo si no tuviera esos defectos y yo lo amo tal cual es, sin pedirle que cambie nada, sin pedirle que me entregue nada, sólo disfrutando que él es como es. Creo que muy pocas veces he amado así, probablemente sólo una vez, de manera erótica. Unas dos o tres veces, de manera fraternal a gente que no es parte de mi familia.

Tal vez por eso sigo sola, porque es casi imposible encontrar a alguien que sea capaz de amarme de esa manera. Tengo fe que algún día aparecerá, pero me desalienta el no haberlo encontrado aún.

martes, 23 de octubre de 2007

Es más fácil dar que recibir

Cuando se quiere dar amor, hay un riesgo: el de recibirlo.(Molière)
Ese es un gran riesgo. Y no estoy hablando de un amor de pareja, sino que del amor en general, el de la familia y los amigos, por ejemplo. Para alguien (como yo) que está acostumbrada a dar amor, a cuidar del resto y encargarse de que estén bien, es difícil recibir ese amor de vuelta cuando en verdad lo necesita. Me invade una sensación de deberle algo a la otra persona, como si no mereciera completamente el amor que estoy recibiendo. Aunque, racionalmente, lo merezco. (el que quiera discrepar, la comunicación es por escrito y no me hago responsable de los virus come-discos duros que le lleguen de vuelta) Es como si mi cerebro se negara a aceptar algo sin dar algo a cambio. Extraña situación, aunque si a Molière le sucedió no puede ser tan poco común.

Me pasó más notoriamente con las muertes de mis abuelos, cuando llamé a mis amigos para contarles y ellos simplemente no sabían qué decir. Trataban de consolarme, de tranquilizarme, de decir todo lo que se suele decir en esos casos. Lo cual es precisamente lo que alguien que está lidiando con la muerte no quiere escuchar. O por lo menos lo que yo no quiero escuchar, me molesta que todos me digan que voy a estar bien, que el dolor va a pasar y que tengo que estar tranquila y tratar de distraerme. Al final, termino haciendo justo eso, distraerme, evadirme del dolor y encargarme de lidiar con un problema más físico, terrenal, racional o algo así, algún problema o situación manejable que me devuelva a sensación de estar en control de las cosas. Lo que en realidad no es cierto, uno nunca está en control de las cosas.

Pero ya estoy divagando, volvamos al tema de recibir amor. La incomodidad de hacer sentir mal al otro tal vez tenga algo que ver, o quizás mi casi nula capacidad para comprometerme emocionalmente con alguien. Prosigamos por ahí, compromiso emocional. ¿Qué significa eso? Según yo, la capacidad de confiar completamente en alguien, de contarle hasta tus últimos secretos y emociones, explicarle tus problemas y saber que esa otra persona está dispuesta a escucharte, guardar tus secretos y aconsejarte en tus problemas. Y claro, ser lo mismo para la otra persona. Con esa parte no tengo problemas, soy "buena oreja" diría mucha gente y sólo doy consejos si realmente creo que el otro los necesita. Claro que no siempre es así, pero ya voy a divagar otra vez. Lo importante es que me cuesta muchísimo, varios años incluso, para comprometerme emocionalmente con otra persona.

Claro que para mantener una amistad con otra persona no necesito hacer eso, sólo compartir parte de mi vida con ella y mantener mi distancia emocional para evitar que me haga daño. Ya me han hecho daño antes, y creo que parte de este blog es testimonio de eso, o por lo menos de lo que yo sentía en aquella época. Nadie quiere volver a pasar por eso. ¿Volver a estar sola? ¿Para qué? ¿Volver a volcar mis sentimientos en alguien y que me humille? No, gracias.

Sin embargo, dicen que los grandes riesgos conllevan grandes beneficios, tal vez valga la pena. No sé si el miedo es a recibir el amor como tal, o quizás es a lo que eso implica. No sé si me explico bien, la idea es que si me ofrecen amor, significa que el que lo hace tiene la información necesaria como para saber que lo necesito, por lo tanto tiene cierto "poder" sobre mi mundo interno y privado que yo no necesariamente quiero que tenga. Eso me hace vulnerable a cualquier ataque por la espalda. Pero, tal vez, valga la pena. Quizás los beneficios sean tan grandes como los daños que ya he sufrido, y en el peor de los casos , ya sé cómo enfrentarlos. Creo.