martes, 8 de septiembre de 2009

Caminar bajo la lluvia

Hay gente que pasa toda su vida sin vivir un minuto, diría Logan Huntzberger. Y yo diría que sí, que yo soy una de ellas. Que no, que casi no he vivido en mis 23 años y que ahora me arrepiento. Que todo ha sido por el miedo a equivocarme, a fracasar, a caerme.

Pero a veces es mejor arriesgarse y saber que se va a sufrir, porque los beneficios son mayores. No quiero seguir teniendo miedo, no quiero seguir privándome de cosas por miedo a equivocarme. Hay veces en que uno sabe que va ha suceder algo doloroso producto de algún acto, pero vale la pena hacerlo igual.

Como caminar bajo la lluvia sin paraguas. Me encanta caminar bajo la lluvia sin paraguas, meterme a los charcos y saltar en ellos, salpicándome entera y al que ose pasar por el lado. Me encanta mojarme el pelo y mirar al cielo con los ojos cerrados sintiendo el agua caer en mi rostro. Me encanta que la ropa esté empapada y pese al caminar, tiritar de frío bajo la lluvia corriendo y saltando. Sin embargo sé que me voy a resfriar. Lo sé, es casi inevitable, a menos que llegue a mi casa a ducharme con agua caliente y meterme en mi cama con un guatero a tomarme un té. Pero lo más probable es que a pesar de eso igual me enferme, o por lo menos estornude un par de días. Lo maravilloso es que me gusta tanto jugar en la lluvia que me da exactamente lo mismo, soy capaz de soportar un resfrío leve e incluso una gripe por jugar un día bajo la lluvia. Para mí, vale la pena. No importa cuánto me digan que me voy a resfriar, voy a hacerlo igual porque lo disfruto tanto y soy tan feliz un día bajo la lluvia que una semana de gripe me da lo mismo.

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